Jn 14, 7-14 – 13 de Mayo – IV Sábado de Pascua

 

 

Jesús dijo a sus discípulos: «Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto.»

Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.»

Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras.

Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.

Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.»

Palabra del Señor

Comentario

Llegamos al final de esta cuarta semana de Pascua. Espero que estés disfrutando de escuchar la Palabra de Dios, especialmente este evangelio de San Juan que es una delicia y que seguiremos disfrutando durante todo el tiempo pascual. Alguna vez me dijeron: “Padre, me estoy volviendo adicto a la Palabra de Dios”. Suena fuerte, obviamente es una manera de decir, pero que lindo sería que podamos realmente sentir y comprender que no deberíamos pasar ni siquiera un día sin escuchar la palabra de Dios. Sería una linda “adicción” que no nos haría tan mal. Sin embargo, vivimos en un mundo que a veces se burla de los “excesos con Dios”. Podemos ser “fanáticos” de cualquier cosa en esta tierra y nadie se va a escandalizar, ahora… si sos “fanático” de Dios, de Jesús, parece una exageración, ¡pareces un “fanático” se dice!, o sea alguien que no piensa, que no piensa por sí mismo. Obviamente, Jesús no quiere fanáticos, Dios Padre no quiere mascotitas, no quiere esclavos, sino que quiere hijos, pero hijos en serio, que tengan solo en su corazón una linda y única obsesión, enamorarse de Él. Me gusta mucho esta oración, que la volví a leer en estos días después de mucho tiempo: “¡Enamórate! Nada puede importar más que encontrar a Dios. Es decir, enamorarse de Él de una manera definitiva y absoluta. Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación, y acaba por ir dejando su huella en todo. Será lo que decida qué es lo que te saca de la cama en la mañana, qué haces con tus atardeceres, en qué empleas tus fines de semana, lo que lees, lo que conoces, lo que rompe tu corazón, y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud. ¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera” Bueno, una linda y sabia manera de enamorarte de alguien es sentarte a escucharlo. Eso es lo que proponemos cada día.

Algo lindo que podemos pedir es esto, algo del evangelio de hoy es una buena oportunidad para animarse a pedir y pedir: “Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.» Pidamos creer, pidamos enamorarnos de Jesús, pidamos confiar y tener fe, creerle a Él. Es posible vivir distinto, es posible creer que conocer a Jesús es conocer a Dios Padre. No necesitamos que nos muestren nada, no necesitamos como Felipe que nos muestren más que a Jesús.

Hoy también es un día especial, porque se cumplen 100 años de las apariciones de la Virgen de Fátima, apariciones que como tantas otras, no hacen más que confirmar la presencia de Jesús en este mundo, por medio de su Madre. No hay que esperar de María, más que de Jesús. María estuvo, está y estará siempre para llevarnos a Jesús, y Jesús para llevarnos al Padre. Quien se quiera quedar con una parte del mensaje, o a mitad de camino sin llegar al Padre, es porque todavía no comprende la verdadera misión de Jesús. La Virgencita de Fátima, no vino a asustar al mundo con sus mensajes, como a veces la quieren hacer quedar,     sino que vino a decir lo que el mismo Jesús dijo de tantas maneras y que a veces no queremos escuchar o nos gusta olvidarnos. María viene a decir lo que este mundo cargado de odio y olvido de Dios, no quiere y no le conviene escuchar. Por eso Jesús y María eligen lo pequeño de este mundo, lo que no cuenta, para confundir a los que se creen que cuentan, a los que se creen grandes, pero en realidad son iguales a todos. Por eso María siempre elige servidores sencillos y olvidados, eligió tres pastorcitos perdidos de un pueblo de 2500 habitantes e hizo de un lugar insignificante un lugar visitado por miles de millones en tantísimos años. Solo Dios por medio de María puede lograr algo así, ni el mejor marketing del mundo logra transformar así la historia para siempre.

Que María nos ayude a enamorarnos más, cada día más de lo que vale realmente la pena, de Jesús y de su obra, de sus palabras, de su corazón y por medio de Él, del Padre. “¡Enamórate! ¡Permanece en el amor! Todo será de otra manera” Es lo que desea María, hoy y siempre. Por eso fue lindo en esta semana empezar  de la mano de María y terminar de la mano de ella. La Virgen de Luján y la Virgen de Fátima. Distintos milagros de la misma realidad. Distintas apariciones para el mismo fin. Por María a Jesús, por Jesús al Padre. El gozo de María es que gracias a ella, descubramos más y más el amor de Jesús; el gozo de Jesús es que gracias a su amor, descubramos el del Padre. Pidamos eso en su nombre que Él nos lo concederá.

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