Jn 15, 9-11 – 18 de Mayo – V Jueves de Pascua

 

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»

Palabra del Señor

Comentario

Andan dando vueltas por ahí, muchas frases populares que expresan o intentan expresar realidades que muchas veces no se pueden explicar fácilmente. Nuestro vocabulario por lo menos por estos lados, está impregnado de fe, de la fe de nuestros abuelos, de nuestros padres, aunque a veces no nos demos cuenta, aunque algunos quieran negar o renieguen de nuestras raíces cristianas. Por ejemplo se dice a veces: “Toqué el cielo con las manos” Hay momentos de la vida que no se olvidan más porque nos hicieron experimentar un “rato” de cielo en la tierra, un momento de gozo que no se puede explicar y que al que siempre se quiere volver. Tocar el cielo con las manos es experimentar lo que parece “sobre-humano”, “sobre-natural”, lo que parece que no puede venir de acá, lo que nos da algo fuera de lo común, que no se da todos los días. Esas experiencias nos ayudan a pensar, a imaginar que debe haber algo más, debe haber algo mejor, debe haber algo definitivo. Porque lo anhelamos.  Hay momentos y días “de cielo”, de cielo en la tierra que nos hacen “gustar” un poquito de lo que será.

Pensá. Pensemos y recemos con eso. Pensá en esos momentos que te decís a vos mismo: “Que esto dure para siempre” “Que este momento no pase jamás”. Un amor verdadero, un buen abrazo, un lindo perdón, una oración profunda, una adoración, un retiro espiritual, una linda canción, una sana amistad, un buen paisaje, no sé, un buen asado. Ya sé que te estarás riendo, pero bueno, no es malo imaginarse el cielo al modo de cada uno, lo importante es creer y soñar con un “cielo nuevo y una nueva tierra”, como dice san Pablo. La palabra de Dios usa mucho la imagen del “banquete” para expresar de alguna manera lo que vendrá, lo que será el estar con Dios. ¿Quién no quiere ir a un banquete y si es con los seres queridos más todavía? Bueno, no te aburro más con esto, pero el cielo será mucho más de lo que podamos imaginar, será mucho más que cualquier comparación que podamos hacer, es imposible imaginarlo. Pero ese imposible, es lo que nos mueve a poseerlo, no por lo que imaginemos, sino por lo que busquemos, por lo que amemos, porque en definitiva si Dios es amor, y el cielo será estar con Dios y muchos hermanos, obviamente el cielo será amor y entonces al amar empezamos a experimentar y a vivir el cielo “a domicilio”, en nuestra vida, en nuestra casa, en nuestro corazón.

Por eso algo del evangelio de hoy nos anima a permanecer en el amor y  nos invita a participar del mismo gozo de Dios. Jesús habla del amor, del amor del Padre, de su amor y de cómo tenemos que amarnos entre nosotros. ¿No será que todavía no experimentamos algo del cielo en la tierra porque no sabemos lo que es amar verdaderamente? ¿No será que a veces pretendemos un cielo en la tierra pero armado a nuestra medida, y no en base al amor? Amar es cosa seria, para amar en serio no basta con decir que amamos, no basta con amar a los que nos sale amar, así nomás. Para amar en serio en realidad tenemos que reconocer, revivir, experimentar esa corriente de amor verdadero y eterno que proviene de Dios Padre, que pasó por su Hijo y que se sembró en nosotros para ayudarnos a amar. Jesús no nos habla de un simple amor humano, espontáneo con los que nos sale únicamente, sino que nos habla de amor del cielo, amor de Dios que se derrama en corazones humanos incapaces de amar como Dios ama por sus debilidades. Hay que ser sinceros, no tenemos la fuerza para tanto a veces. Los que pudieron mucho es porque se dieron cuenta de este misterio. Pero podemos si nos damos cuenta que el amor no es un mandamiento que obliga desde afuera, sino que es vida que brota desde adentro y que descubre lo más verdadero que tenemos, nuestro barro y nuestra meta. Jesús nos ayuda a descubrir que podemos amar porque en realidad somos amados por Él y por el Padre. Esa es la clave. Podemos amar porque somos amados, podemos amar si “permanecemos” en esto, si reconocemos esto. No se puede amar bien si no se acepta semejante misterio y regalo. No se puede vivir este mandamiento que brota desde adentro si no se reconoce también desde adentro, que amar y ser amados, entregarse y dejar que los otros nos amen, no es una obligación, sino que es una necesidad del alma, del corazón. Necesitamos amar, necesitamos un motivo para vivir, necesitamos experimentar amor de Dios por medio de gestos humanos. Necesitamos darnos cuenta que el amor es cosa seria, que Dios se tomó en serio el amor y por eso nos amó hasta el extremo para que ese amor nos despierte nuestras ganas de amar.

Cuando no estés pasando buenos momentos en tu vida, porque parece que “el cielo” está muy lejos, porque la vida parece un “valle de lágrimas”, tenés otras opciones… buscarlo vos. No esperes que el cielo te venga a buscar, que te encuentre, el cielo en realidad está siempre, al alcance de tus decisiones, a un paso que a veces parece muy largo, pero posible. El cielo aparece muchas veces cuando te decidís a traerles un poco de cielo a los demás con tu presencia, con tus gestos, con tu amor. Me imagino que si vas comprendiendo lo que es el cielo, tendrás demasiadas ganas de ir.

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